Nunca una paella sabe igual dos veces
AMPARO PANADERO
Ya he escrito varias veces sobre el ruido en la comunicación. El ruido mediático, el ruido político, el ruido gubernamental. Demasiado ruido. La pasada semana dejó otra dosis de estas estrategias de imagen y de dirección de la opinión pública.
El contrato del inmigrante, inspirado por la Generalitat Valenciana abrió las puertas de la polémica. Luego, como suele ocurrir, llegaron las matizaciones, las declaraciones políticamente correctas. Pero la brecha quedaba sembrada. Una fisura que se provoca emitiendo ruido, con enorme irresponsabilidad política, y que va cobrando forma en la sociedad. Somos, una vez más, la falla más grande del país, el levante feliz, que vive tan feliz que puede desafiar y mirar con descaro al resto de las comunidades vecinas.
Estos gobernantes que tenemos podrían pensar, antes de emitir tanto ruido, que esta Comunidad ha sido durante décadas una de la que más inmigrantes han aportado a Alemania o a Francia. Personas que vivieron lejos de casa.





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