AMPARO PANADERO
Escribo con el eco del genial discurso del Premio Cervantes Juan Gelman. Ahí está la poesía, de pie contra la muerte, recordaba el poeta argentino, diciendo que cada tres segundos y medio “un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza”. Y habló de la memoria, él que sufrió el exilio, la muerte de su familia, de los amigos, la tortura, los desaparecidos.
Felicitó a España por recuperar su memoria histórica, acción precisa para seguir caminando. Justicia y verdad, dijo, son la única ruta para un posible olvido. Y, mientras Gelman nos sitúa en la tierra, arraigados al calor humano de la solidaridad, al amor y a la esperanza, esta palabra se deshace, una vez más, en la boca de la presidenta autonómica madrileña y su consejero de Sanidad, el tan conocido Güemes.
En Madrid se permite que la Iglesia participe en los comités de ética de cuidados paliativos de enfermos terminales. Rouco y Aguirre unidos en el poder y la gloria. Hay dureza en esta arbitrariedad de mezclar religión y sufrimiento. Claro, que en el escaparate mediático del PP todo es mentira, ya saben, y el asombro del consejero de sanidad surge para desmentir esta información que, además, está contrastada como Dios manda. A Aguirre solo le falta estar en la algarabía de la guerra del agua. Aquí la derecha debería contar con sus inestimables servicios de comunicación (con TeleMadrid no es necesario, ya tenemos Canal 9), con esa capacidad de liderar dudas, de embarullar. Aunque la escuela Aguirre es longeva en esta tierra. Manipulación, desinformación, cinismo. Los intereses generales son según para qué intereses partidistas se ajustan.
Lo último, Educación para la Ciudadanía en ingles en esta comunidad. Qué desafío. Tanto que las Cortes podrían aprobar la enseñanza en chino de asignaturas como la religión. Es un idioma de futuro. Tomen buena nota para que la historia no pase de largo
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