AMPARO PANADERO
Deberíamos estar felices. La lluvia cae sobre esta tierra, y lo hace mojando pancartas y demagogia. Pero nunca llueve a gusto de todos. Y en Villena, por ejemplo, algunos de los que más alzan su voz con ese estigma de Agua Para Todos han decidido hacer negocio. Van a vender agua para ser embotellada, y, además, el portavoz de aquellos regantes ya programa sus parcelas para urbanizaciones con sus correspondientes campos de golf.
Aquí todo parece una falla, con todo el respeto para los artistas falleros y para las tradiciones. Pero es que sufrimos sobredosis de frivolidad, cinismo, de banalidades institucionales. Porque aquí las cosas transcurren con tal hipocresía que según el día o la hora, o a quienes dirigen el mensaje, hoy dicen esto y mañana lo otro. Así pasa con el polémico contrato de inmigración que hace aguas en cada párrafo y no saben como enmendarlo. Siempre es culpa de una mala interpretación de las palabras o eso tan socorrido de que todo es culpa de que Madrid no envía dinero. En este sentido es vergonzoso lanzar dardos envenenados a una sociedad que, entre otros daños colaterales de la mala gestión de nuestros gobernantes autonómicos y provinciales, está sufriendo la ausencia de ayudas de la Ley de Dependencia. Es solo otro ejemplo. Igual pasa con la financiación de las Universidades públicas. Claman al cielo, están al borde de la bancarrota, y como explican, la Generalitat no cumple, no paga, acción que sufren otras instituciones porque la alta deuda autonómica ya se centrifuga demasiado. Eso sí, vamos a tener una Universidad virtual, y con un edificio estupendo de Gerhy en Castellón. (Aunque adjudicado sin concurso público).
Es otro ejemplo. Y, mientras, el Parque Ribalta pasará a la historia. ¿Para qué salvarlo si nos crecen esculturas y edificios emblemáticos como las setas, por generación espontánea? Así son las cosas.
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