Por Ximo Puig
En tiempos de crisis o de bonanza no hay mejor receta para el vigor de una sociedad que la educación.
En la agenda política del gobierno autonómico del PP durante los mejores años de boom económico la educación ha sido considerada una maría de la acción de gobierno.
Ha habido inversiones, faltaría más, pero muy insuficientes para la exigencia del país.
Durante estas semanas ha habido una reacción de la comunidad educativa singularizada en el esperpento protagonizado por el conseller Font de Mora a cuenta de la asignatura de educación para la ciudadanía.
Uno de los agujeros negros del sistema educativo en toda España es, sin duda, el aprendizaje de idiomas. Una priorización en la política educativa valenciana hubiera debido ser la potenciación de la enseñanza del inglés.
Pero no ha sido así. Lejos de adoptar una ofensiva a favor de la mejora en la calidad de formación idiomática, se ha ridiculizado nuestra débil posición sumergiendo la realidad en un debate patético.
Resulta difícil de comprender la oposición a la normalidad democrática que significa aprender el respeto a las reglas del juego. No puedo entender la cruzada de la derecha para impedir que en las aulas de hable de la Constitución, del Estatuto, del 60 aniversario de la carta de derechos humanos o, simplemente, fortalecer el valor del respeto, aprender a escuchar al otro, entender al diferente.
El debate en la escuela valenciana va mucho más allá de la imposibilidad real de dar dignamente y con criterios pedagógicos la nueva asignatura.
Acabar con los barracones interminables, aumentar el profesorado, hacer posible la integración, creer de verdad en la educación pública es lo que merece esta sociedad que será lo que será en función de lo que estos días, estos años se cueza en las aulas.
Con la educación, pocas bromas. Nada de lo que hagamos merecerá más la pena. Una escuela para la convivencia mejorará nuestra vida colectiva, nos hará a todos y todas mejores. Y ser de una vez por todas capaces de comunicarnos adecuadamente en inglés será una magnífica noticia para el desarrollo de un país tan volcado al exterior como el nuestro.
No se trata de incompatibilizar lo compatible, más bien de tomarse en serio aquello que es fundamental.
Mientras tengamos un fracaso escolar del 40 por ciento, las bromas pesadas de Font de Mora no deben tener espacio ni en el Club de la comedia.
Una vez oí decir a alguien que está bien tener ocurrencias pero no es imprescindible publicarlas. No parece el mejor tiempo para las ocurrencias, señor conseller.

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